jueves, 21 de mayo de 2020

ANTECEDENTES DE LA REVOLUCIÓN DE 1917






La Revolución Rusa es uno de los hechos más trascendentes de todo el siglo XX. La Rusia previa a la revolución era un país en proceso de industrialización, manteniéndose en paralelo entre un desfase en su modernización económica y un inmovilismo político. Esto, junto al régimen zarista constituyeron el marco ideal para una revolución social. En 1917, un amotinamiento del ejército, en un contexto de inestabilidad, obligó al zar Nicolás II a abdicar.

Rusia era la última de las grandes potencias de Europa con monarquía autócrata. Los zares rusos se habían resistido a las crecientes reivindicaciones de cambio político. En 1894, falleció el  zar Alejandro III, dejando como emperador y zar de todas las Rusias a su hijo Nicolás II, insuficientemente preparado y de carácter apacible y voluble. El Gobierno iba encaminado al desastea, los problemas que llevaba Rusia acarreando de años atrás seguían sin resolverse, y por si fuera poco, Rusia fue derrotada en dos guerras y sufrió dos revoluciones durante los veinte años de reinado de Nicolás.
El Gobierno de Nicolás estaba deficientemente administrado y no era proclive a ceder y avanzar en cuanto a toda una serie de derechos, sobre todo de corte civil. La censura en cuanto a cualquier tipo de debate limitaba un papel político de consenso abierto, por lo que la mayoría conducían a comportamientos ilegales e incluso revolucionarios.
Alejandro II, en el marco de las Grandes Reformas de la década de 1860, había autorizado la formación de los zemstvos, o lo que es lo mismo, consejos locales conformados por la nobleza. Estos, ejercían unos limitados poderes de autogobierno a nivel local. Sin embargo, los monarcas comenzaron a negarse a compartir el poder con las institutciones de corte popular, y a partir de 1881 restringieron la autoridad de los zemstvos. Nicolás se aferraba a un modelo ahora arcaico y autocrático, como monarca por la gracia de Dios

 Alejandro II, su padre, debilitado por la derrota en la Guerra de Crimea (1854 - 1856), se aventuró a conceder una serie de reformas y de modernizaciones conocidas como las "Grandes Reformas". Una de las principales fue la "emancipación de los siervos" en 1861. La emancipación concedía libertad personal a los campesinos y una cuota de la tierra, que ascendía aproximadamente a la mitad del total. Sin embargo, los campesinos no lo vieron con buenos ojos, estaban convencidos de que toda la tierra debía ser suya por derecho propio. Su reivindicación del resto de la tierra propició dos revoluciones campesinas, en 1905 y 1917.

La industrialización vino acompañada de una transformación social con enormes repercusiones políticas. La antigua jerarquía de clases (sosloviia) perdió gran parte de su significado y fue sustituida por una novedosa estructura social. Entre ellas, destacaba el surgimiento de lo que conformaría una nueva clase social derivada del aumento de la industrialización en las ciudades, siendo esta la que se conocería como "proletariado" o mano de obra industrial asalariada. Uno de los rasgos de esta clase social era las lamentables condiciones en que trabajaban y vivían. Las nuevas condiciones de vida urbana trajeron nuevas tensiones y al entorno de las fábricas no ayudaba. Las fábricas ofrecían largas jornadas de trabajo, bajos salarios, escasa seguridad en el trabajo, un régimen de disciplina industrial riguroso y una ausencia total de seguridad. Las viviendas estaban abarrotadas y eran antihigiénicas.

                                                 
                                               "Un Mir" Pintado por Serguei Korovin en 1893



Muchos de los nuevos trabajadores industriales mantenían relación de amistad o familiar con el campesinado, la cual estaba reforzada por el constante flujo de nuevos trabajadores desde los pueblos. Algunos de ellos regresaban todos los años para participar en la cosecha. Cabe decir que los vínculos de los campesinos fueron un factor relevante para la aparición de una identidad y unos valores específicos de la clase obrera.

A principios del siglo XX hubo una gran parte de trabajadores que logró alfabetizarse, siendo pioneros a la hora de crear círculos de estudio y de organizar huelgas. Algunos de ellos se adentraron en la política, estableciendo vínculos con los partidos revolucionarios.El marxismo les ofrecía una explicación al origen de su condición de obreros, alentándoles a su vez a cambiar y cómo debían hacerlo. Se fue desarrollando una identidad de clase obrera. La nueva figura del obrero-activista actuaba como enlace o representante entre los partidos revolucionarios y los trabajadores. Empezaron a tomar voz en la sociedad , y aseguraban que el antiguo régimen no era capaz de gestionar adecuadamente los asuntos del Estado.
Las clases medias carecían de identidad colectiva, por lo que el aumento de la sociedad culta y alfabetizada conformaron un nuevo órgano social conocido como intelligentsia, con la final de predicar conocimientos que inspiraran a las masas a la necesidad de revolucionarse ante la opresión haciéndoles comprender leyes y derechos básicos. Llegaron a convertirse en el sector políticamente más comprometido de la sociedad culta. En general, la intelligentsia se caracterizaba por su oposición al orden imperante en Rusia y por sus deseos de cambio. Por una parte surgió un grupo más radicalizado que logró conformar nuevos partidos revolucionarios, y por otro, los más moderados, se consolidaron en partidos reformistas políticos y progresistas. Uno de los primeros movimientos revolucionarios , el populismo (narodnichestvo), surgió a raíz de las condiciones imperantes a mediados del siglo XIX, el cual buscaba derrocar la autocracia y hacer un llamamiento a una revolución social para repartir la tierra entre los campesinos.

Algunos revolucionarios, organizados bajo el nombre de «La voluntad del pueblo», recurrieron al terrorismo, asesinando en 1881 al zar Alejandro II. Consecuencia que llevó a las políticas reaccionarias contra este tipo de de organizaciones de los gobiernos de Alejandro III y más tarde de Nicolás II . De estos primeros grupos surgieron los principales partidos revolucionarios del siglo XX desempeñando los papeles protagonistas en 1917: el Partido Social-Revolucionario (PSR) y el Partido Socialdemócrata (PSD), que acabaron conformándose en el Partido Bolchevique y el Partido Menchevique.

Al verse amenazados bajo la constante presión que suponían las organizaciones cada vez más violentas y concienciadas de trabajadores, el gobierno ruso quiso abrir las puertas a la legalización de muchos de los nuevos sindicatos que se habían creado, aunque eso sí, bajo supervisión policial. Uno de estos sindicatos fue la Asamblea de Trabajadores Fabriles de Rusia, organizado en San Petersburgo por un sacerdote, el padre Gapon. Buscando una presión más efectiva contra el gobierno, Gapon y la Asamblea organizaron una gran manifestación, convocada para el domingo 9 de enero de 1905. Tenían previsto marchar hasta el Palacio de Invierno, portando iconos religiosos y retratos de Nicolás II, para conseguir que atendiera sus demandas. El gobierno al verse en peligro refrenó la manifestación y ordenó a los soldados y la policía que abrieron fuego contra la multitud, matando a cientos de personas. Este episodio es conocido como "El Domingo Sangriento".


                                        La matanza del Domingo Sangriento. Pintura de Ivan Vladimirov.

Las asambleas de trabajadores, conocidas como soviets, empezaron a surgir en muchas ciudades como San Petersburgo y Moscú, partícipes de muchas de las huelgas y levantamientos que se iniciaron sin tregua a pesar de (o a raíz de) los acontecimientos de 1905. Muchos de los factores que encarnizaban sus movimientos fueron el descontento general, la agitación entre los campesinos, las aspiraciones de la clase media para conseguir derechos y la propia determinación del gobierno de continuar con el poder despótico. Todos los elementos de aquella manifestación crucial de 1905 volvieron a reflejarse en 1917.

Los disturbios campesinos se reanudaron. Entre 1910 y 1914 se produjeron 17.000 amotinamientos  El Gobierno seguía sin hacer caso a las quejas y a la creciente alienación de los obreros industriales y de las clases bajas. En torno a 1910 comenzó un nuevo ciclo de crecimiento industrial acelerado dando lugar a un rápido crecimiento de la mano de obra, lo que hizo que en 1912 aumentaran las tensiones dentro de la industria. Surgió desde entonces un creciente movimiento huelguístico, sobretodo a raíz de la masacre provocada en los yacimientos de oro del Lena, en la que murieron cerca de 200 huelguistas. Finalmente toda la presión huelguística cristalizó a una gran huelga generalizada en 1914 movida por una gran violencia. Posiblemente fue el primer paso a una revolución en ciernes, pero se quedó en eso, en las puertas de la revolución, dando que en ese mismo año estalló la Primera Guerra Mundial.



FUENTE:
CARR, E. H. (1917). La revolución rusa. De Lenin a Stalin, 1929

No hay comentarios:

Publicar un comentario